Venezolanos se limitan a la autoexclusión

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Moisés Calderón

El concepto de “ostracismo” se refiere, principalmente, a la decisión personal que toma un individuo de alejarse de la sociedad por considerar que es peligroso mantenerse dentro de la misma. Dicha decisión responde generalmente a razones políticas, sociales o culturales.

Sin duda alguna, el ostracismo posee gran importancia en cuanto al desarrollo de las personas,puesto que el alejamiento o la exclusión social conlleva diversos efectos nocivos como ataques depresivos o de ansiedad que pueden ser causados principalmente por el sentimiento de “soledad”.

Sin embargo, en Venezuela, la difícil situación socioeconómica junto con los altos índices de inseguridad ciudadana, han promovido el “ostracismo involuntario”. Involuntario porque muchos aseguran que “es una medida forzada por la insuficiencia económica y sobre todo, por la delincuencia desatada”.

No más saliditas. En épocas anteriores, los locales capitalinos resaltaban por la gran afluencia de visitantes cada fin de semana, en su mayoría jóvenes, quienes asistían a los mismos con el objetivo de pasar una noche de “tragos y música”.

Era totalmente normal ver las discotecas caraqueñas “a punto de reventar”, especialmente las situadas en el este de la ciudad. Algunas personas aseguran que estos “lujos” solo podían realizarse cuando “la moneda venezolana realmente tenía valor y los índices delincuenciales del país no estaban tan desatados”.

Desde hace algunos años, el hecho de salir a “rumbear” o distraerse un rato, se volvió un verdadero lujo para el ciudadano venezolano”, puesto que simplemente salir a compartir un almuerzo o ir a tomar café en algún establecimiento, representa un duro golpe al bolsillo. Cuando se trata de asistir a discotecas, el problema se agrava más debido a los altos precios en las entradas y los servicios de comida y bebidas alcohólicas.

Efectos psicológicos. Alejarse de un estilo de vida determinado y sumirse en la exclusión o el encierro, deja efectos nada positivos tanto en el cuerpo como en la mente.

La problemática se agudiza cuando la decisión es tomada por “obligación”, respondiendo a ciertas variables sociales, políticas o culturales. En el caso de Venezuela, una gran cantidad de personas han abandonado la costumbre de salir a divertirse regularmente, asegurando que “las condiciones del país no son las más óptimas para estar de fiesta en fiesta”.

Hace algunos años, la psicóloga argentina Alicia Díaz afirmó: “Hay personas con más recursos psíquicos que otras para soportar un encierro. En rasgos generales, el mismo podría dar con la aparición de algún estado depresivo, angustia, ansiedad, sensación de vacío y sin sentido de la vida”.

Asimismo, “acarrea otros problemas como trastornos obsesivos compulsivos de acumulación, limpieza, negación de las fallas cometidas e incluso, puede producirse el resentimiento social”.

Déficit político. Víctor Valencia, estudiante de psicología en la Universidad Central de Venezuela acusó al Gobierno venezolano de “promover la auto-exclusión en la sociedad venezolana al cerrar todas las puertas de acceso a la recreación”.

“Ante la ineficiencia del sistema político para reducir los altos precios en productos y servicios, junto a la falta de seguridad que otorgan los cuerpos policiales, los venezolanos se han visto obligados a reducir sus actividades recreativas, sin medir las consecuencias psicológicas que conllevaría” finalizó.