UN COMBATE POR MEDIA HORA – Por Isaías A. Márquez Díaz

La frase de Napoleón, quizá inspirada en Sun Tzu: “El arte de la guerra es una ciencia en la que nunca puede tener éxito lo que no ha sido calculado y pensado previamente” pareciera la premisa de la campaña libertadora que Bolívar y Páez coronan en Carabobo.

El ejército libertador con unos 6500 hombres se organiza en tres divisiones: la primera, constituida por los batallones Bravos de Apure y Cazadores Británicos; éste, al mando del coronel heroico Ilderton Ferriar y la comanda el general de división José Antonio Páez con unos 1500 jinetes distribuidos en siete regimientos de caballerías; la segunda, al mando del general de división Manuel Cedeño, integrada por la Segunda Brigada y los batallones Tiradores, Boyacá, Vargas y el escuadrón Sagrado, más la Tercera División, al mando del coronel Ambrosio Plaza, que conforman la Primera Brigada junto con los batallones Rifles, Granaderos, Vencedor en Boyacá y el regimiento de caballería de la Guardia, a cargo de otro llanero impetuoso: el coronel Juan José Rondón. El general en jefe Santiago Marino, ya sumiso al Libertador, funge como jefe del Estado Mayor General del Ejército Libertador.

Justo, a las 11 horas de aquel 24/6/1821, comienza el combate contra los 4179 hombres del dispositivo realista, a la cabeza del mariscal de campo don Miguel de La Torre; Páez y sus llaneros se lanzan briosos sobre el flanco derecho del enemigo. Los Cazadores Británicos, bayoneta calada, acuden a tiempo y cubren a los Bravos de Apure. Se reforman. Y, reforzados ambos con dos compañías de Tiradores, deciden la batalla; no obstante, otro batallón realista contraataca. Pero, Rondón lo destroza. Ínterin, los de Plaza atacan de frente. La Torre y su segundo Morales, comandante de la división de Vanguardia, logran escapar gracias a la resistencia admirable del primer batallón de línea del Valencey, que, en cuadro, junto con otros dos regimientos se retira a Valencia; luego, a Puerto Cabello por la ruta de San Esteban, durante la noche.
Cedeño queda tendido en el campo de batalla mientras sus hombres continúan, bajo lluvia pertinaz, el acoso del Valencey. Plaza, a cambio de su vida, hace rendir al batallón ligero del Infante. Memorable la frase de despedida del teniente de caballería Pedro Camejo, edecán de Páez: “mi general… solo vengo a decirle adiós…”. Y, exánime, cae de su corcel.

Poco antes de las 12 m Venezuela es libre. Los realistas, vencidos, se amparan en Puerto Cabello, donde moran hasta el 8/11/1823, cuando Páez sitia esa ciudad e impone una capitulación al comandante de la plaza, brigadier Sebastián de la Calzada, quien le entrega su espada en la iglesia Ntra Sra. Del Rosario.

 

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