Plásticos y Contaminación

Isaías Márquez

Desde 1860 cuando se inventa en EEUU el plástico, viene aumentando la preocupación por el medio ambiente y la salud pública ya que se halla en la mayoría de los productos de consumo masivo.

A la intemperie, su fragmentación en partículas muy pequeñas –no biodegradables y tóxicas, que tardan en degradarse, se diseminan a causa del viento y el agua por áreas muy amplias. Entra en la composición de cosméticos, fibras textiles sintéticas (poliéster y nylon), materiales de construcción, electrodoméstica, además de múltiples accesorios de uso cotidiano.

Su degradación depende de las condiciones ambientales a las cuales se exponga. Así, las bolsas de plástico, aunque fabricadas con polietileno de baja densidad, tardan más de un siglo en descomponerse totalmente, aunque hoy día hay alternativas con las bolsas de fécula de patatas –biodegradables-. Pero, las botellas de plástico podrían tardar en degradarse hasta un siglo entero, soterradas. Aunque América Latina produce apenas un cinco por ciento del plástico del mundo, e importa miles de millones de toneladas por año para el uso de todo tipo de productos, que en grandes volúmenes llegan a sus mares como basura, a través de  los ríos de las metrópolis que arrastran aguas residuales y afluyen a los océanos, como por ejemplo: los ríos de la Plata, Guaire, Yaqui, Fuerte, Magdalena, Amazonas, Orinoco, Hudson, Nilo, Ebro, Sena, Yang Tse, Volga y Támesis.

Según el PNUMA, se vierten, por año, unos 13 millones de toneladas de residuos plásticos a escala mundial, cuya degradación entra en la cadena alimenticia ya que por confusión algunas especies de la fauna marina lo tragan y nueren. Por tanto, sorbetes, cabos de cigarrillos, tapitas y bolsas plásticas no deberían ir a ríos ni vertidos sanitarios.