Más de 40 niños han muerto de hambre este año en el hospital de San Félix

Foto archivo AFP PHOTO / Federico PARRA

 

Un médico del Hospital Doctor Raúl Leoni, en San Félix, resume el tema con una frase: “A medida que se incrementa la inflación, se incrementan las muertes por desnutrición”.

  Por /@marcosdavidv

Su comentario, más que una relación entre variables, es una realidad que demuele cualquier tipo de conjeturas: entre el 17 de junio y el 4 de septiembre murieron por desnutrición 17 niños en el hospital de Guaiparo.

La cifra se suma al conteo del primer semestre del año: 24. En total, hasta principios de septiembre habían muerto de hambre 41 niños en ese lugar. Sin contar los decesos en otros hospitales, en donde los médicos no se atreven a hablar. Sin contar los que no mueren en ningún hospital, sino en sus casas. Sin contar, además, que el silencio estatal grita cuando deliberadamente oculta estas cifras, o cuando las camufla con la falaz causa de muerte de “paro respiratorio”.

Ante el escándalo, silencio

El médico, que resguarda su identidad por temor a represalias, detalla que 2017 ha sido exponencial en cuanto al hambre: si bien no igualan en número a los casos de desnutrición crónica, los casos de desnutrición aguda son más y son los que matan niños.

“Eso va directamente relacionado con la falta del alimento. Cada vez, las personas tienen menos posibilidades de adquirir alimentos a base de proteínas, alimentos que realmente tienen un valor nutricional y eso va a repercutir en la desnutrición. Cada vez hay más casos y cada vez son más severos”, afirma.

Tanto los altos costos como la escasez de proteínas son dos de las condiciones determinantes para matar de hambre. Es lógico: un pollo no cuesta menos de 100 mil bolívares; en las carnicerías no hay carne y el reciente aumento del salario mínimo decretado por Nicolás Maduro no alcanza ni para comprar un kilo de jamón.

“Los niños no aguantan, no esperan. Son muy frágiles: están en desarrollo, en la etapa de adquirir madurez en su sistema inmunológico. Y al verse comprometido el estado nutricional, se ve afectada su salud”, expone.

Advierte, además: “por no tener proteínas ni nutrientes, los niños no se desarrollan y no adquieren motricidad: un niño desnutrido de un año no se puede sentar ni gatear y menos caminar. En el sistema nervioso central no adquieren desarrollo cognoscitivo. Tenemos secuelas a corto plazo, como la muerte”.

Sobre esas secuelas, que en Ciudad Guayana son nada menos que muertes, el régimen de Maduro no ha emitido pronunciamientos. Tampoco ha anunciado planes concretos para combatir la escasez de comida. Ni sobre las denuncias sobre la malversación de 27 mil millones de dólares durante la gestión de Rodolfo Marco Torres en el Ministerio de Alimentación.

Una dieta que no existe

Ante la imposibilidad de conseguir proteínas, ¿qué les recomiendan los médicos del hospital de Guaiparo a los padres de los niños desnutridos que a ellos acuden?

“No podemos diseñar un régimen nutricional que no se va a cumplir, un régimen para un bebé de un año a base de carne, pollo y pescado. Hay que dar alternativas que no son las más adecuadas: que son lo mejor entre lo peor, como granos y el plátano. Tratamos de orientarlos en cuanto a que consuman más verduras y que obvien las féculas de maíz y los carbohidratos”.

Como siempre, la bandera de los médicos es la insistencia en las madres sobre la lactancia materna: “abrir la mente a esas mamás, porque no hay cosas que sustituyan la lactancia materna. Si no hay posibilidad de fórmulas porque no se consiguen y son costosas les damos opciones, como leche de soya o la completa que las pueden consumir los mayores de un año”, añade.

La recomendación debería ser atendida por las madres y, para el Estado, debería ser prioridad como campaña educativa: de los 17 niños muertos por desnutrición entre junio y septiembre, 16 eran lactantes.