FRACKING, MEDIOAMBIENTE Y SALUD PÚBLICA – Por Isaías A. Márquez Díaz

 

Isaías A. Márquez Díaz

El fracking o fracturación hidráulica de las lutitas  o shale -petróleo y gas natural que se hallan atrapados en los poros de formaciones rocosas poco permeables- denominadas lutitas bituminosas, ubicadas en el subsuelo a profundidades entre unos mil y cinco mil metros. Esta técnica parte de la perforación  de un pozo vertical que contiene gas o petróleo, más una serie de perforaciones horizontales, que podrían extenderse por varios kilómetros hacia diversas direcciones. A través de estos pozos se fractura la roca mediante la inyección de una mezcla de  agua, arena y sustancias químicas a presión elevada que fuerza el flujo y salida de los hidrocarburos por los poros, que disminuye muy pronto.

Y, es necesario perforar otros pozos a objeto de mantener la producción de los yacimientos. Por este motivo, la fracturación hidráulica conlleva la ocupación de  extensiones amplias de territorio. Pero, el empleo de esta técnica conlleva una serie de consecuencias negativas reseñables. Entre ellas, principalmente,  impactos socioambientales, que se deriva del empleo de productos químicos a nivel  freático o el riesgo de desencadenar microsismos en zonas donde se emplee dicha técnica.

Disminución de disponibilidad del agua:

La fracturación de un solo pozo requiere de nueve a 29 metros cúbicos de agua, con la agravante de que el ritmo de explotación  en EE UU es de unos nueve mil  nuevos pozos/año, equivalentes a un consumo doméstico de unos 100 lt/persona/día. De entre 1,8 y 7,2 millones de personas/año, lo que acarrea la disminución de agua disponible, que pone en peligro ecosistemas, así como el derecho al agua y a la alimentación.

Contaminación de las fuentes de agua:

En EEUU existen más de un mil casos documentados sobre contaminación de fuentes de agua  por el uso de la fracturación hidráulica. Se han certificado unos 750 tipos de diferentes  productos químicos en los fluidos de fracturación analizados. Entre ellos, sustancias de toxicidad máxima, tales como: metanol, benceno, tolueno, metilbenceno y xileno.

Impactos sobre la salud:

Los expertos indican que al menos un 25 % de los químicos que se utilizan para las mezclas de perforación podrían causar cáncer y mutaciones; un 37 %, afectar el sistema endocrino y un 50 % dañar el sistema nervioso.

Emisión de gases  de efecto invernadero:

Un 90 % de las emisiones  en el proceso de fracturación es metano (CH4), aunque también se emite dióxido de azufre (SO2), óxido de nitrógeno (NO) y compuestos orgánicos volátiles.

Nota:   el metano es un gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento 86 veces superior al del CO2, a corto plazo, por lo que en 20 años el impacto por la extracción de gas de lutita podría superar hasta en un 20 % al del carbón.

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