El cielo es el límite… yo voy más allá

 

No fue fácil dejar mi familia, mi hogar, mis amigos.

No fue fácil dejar atrás mis sueños y esperanzas, por las que tanto luché: mi trabajo como funcionario de Protección Civil. Ayudar a los necesitados, estar en mis guardias y muchas veces, tener un día libre pero al enterarme de algún suceso, ponerme a la orden de mis superiores, para continuar cumpliendo mi misión: ayudar donde era necesario.

La decisión, la tomé con valentía y con ese espíritu aventurero que todos llevamos dentro, pero que pocos se arriesgan a asumirla con determinación. Renacen los sueños y aunque parezcan inalcanzables, solo pensé en ir por ellos.

Y aquí estoy. Pedaleando, hasta donde mis fuerzas y bicicleta me lleven.

Duermo en mi carpa, a la orilla del camino.

Debo permanecer algunos días o semanas en determinados lugares para trabajar, pues no cuento con recursos económicos externos.

Todo lo obtengo de los servicios que presto a lo largo de mi camino y eso me motiva cada día más a seguir adelante.

Comparto con amigos ciclistas que la vida ha puesto en mi camino. Y en mi andar con carreteras asfaltadas o de tierra me he topado con otros venezolanos, quienes admiran mi decisión. Hemos llorado juntos de encontrarnos y conocernos en tierras lejanas a nuestra querida Venezuela, pero todos vamos adelante para cumplir nuestros sueños.

En cada vuelta que dan las ruedas de mi bicicleta, crecen mis ganas y fuerzas para seguir adelante.

En mi camino recuerdo con especial cariño y respeto a mi familia. A veces los extraño más de lo normal pero debo seguir adelante, pues ellos también se sentirán orgullosos cuando culmine mi travesía.

No puedo desligarme de mi formación como paramédico y si en el camino me encuentro con una emergencia, igual actuaré: atendiendo y ayudando.

Esa siempre será mi misión en esta vida y no lo puedo negar. Tampoco rehuir de cumplirla.

Sólo hice un paréntesis para aventurar y conocer en tierras ajenas el paisaje, el aire que se respira y el cómo nos miramos a los ojos entre hermanos suramericanos.

Adelante voy, repitiendo: El cielo es el límite y yo voy más allá