El canibalismo galopa por Venezuela

Foto: Archivo
Helen Hernández / Maracaibo / noticias@laverdad.com
Los delincuentes asesinan a las víctimas para luego descuartizarlas o desmembrarlas. Algunos cocinan las partes humanas, otros las abandonan en zonas enmontadas. Sed de sangre insatisfecha plena las calles de violencia

El ardor en la boca del estómago es insoportable, de pronto, los gustos cambian, en la mente de los delincuentes aflora una patología propia de los psicópatas, observan a sus víctimas como ganado que camina sobre dos piernas. Decididos toman un machete entre sus manos, les cortan la cabeza, los brazos, el torso, nada importa.

El viento sopla con fuerza, la arena del montículo se eleva en el aire, los detectives del Eje de Homicidios de la Policía científica introducen la pala; sacan una, dos, tres, cargas de escombros. La espera se prolonga minutos hasta que llegan al fondo, hay algo duro, es un hueso, restos de músculos, cartílagos, grasa y sangre lo cubren.

Los asesinos estaban en lo correcto, señalaron el lugar exacto donde inhumaron el cadáver de Yersón Eladio Aponte Sequera, de 17 años. Durante el interrogatorio realizado por los sabuesos confesaron, el muchacho les debía 500 mil bolívares, la única salida que tenían era golpearlo con un tubo en la cabeza.

Los antisociales arrastraron el cuerpo hasta una casa contigua en el sector El Muerto, parroquia Negro Primero, en la ciudad de Valencia. La pesadilla apenas comenzaba para el adolescente, el dolor que sintió no se comparaba con el que iba a sentir cuando lo destazaran.

Después de degollarlo, le cortaron las mejillas, los brazos, los glúteos y los muslos al ras del hueso, “eran las partes con mayor cantidad de carne”, aseguraron los asesinos en tribunales. Asaron los pedazos hasta dorarse, luego se los comieron.

Una vez degustado el platillo surgió la interrogante ¿Qué hacemos con los huesos? Los zamuros vuelan en el aire, ansían devorar los restos, el temor a ser descubiertos los condujo a quemarlos. Rosearon gasolina, encendieron un fosforo, las llamas ardían, transcurrieron 30 minutos, nada, seguían intactos. Debían ocultar las huellas del delito, abrieron un hueco y los enterraron.

Mientras los efectivos del cuerpo detectivesco colectaban las evidencias, la indignación colmaba a los parientes del agricultor. Al parecer dos primas de Yerson presenciaron el homicidio, vieron como lo sepultaban en una zona enmontada, aseguran no haber participado.

A las afueras de la morgue los funerarios comentaban entre sí: “Cómo es posible que mataran a ese muchacho por cinco billetes de a cien”. Algunos funcionarios descartan el canibalismo, en la fosa hallaron un cadáver descompuesto; otros, manejan como móvil del homicidio el ajuste de cuentas, presumen que la discusión se originó por el reparto de un botín. La Fiscalía 22 de menores del Ministerio Público lleva el caso.

La situación se repite, es una historia recurrente, esta vez le tocó el turno a Rubén Fuentes. Después de 15 días desaparecido, moradores de la urbanización Bosque Alto de El Limón, en San Antonio de los Altos, en el estado Táchira, lo hallaron muerto en una zona boscosa. Fuentes oficiales vinculadas con la investigación presumen un ajuste de cuentas.

Mediante extensas jornadas de patrullaje los detectives encontraron a uno de los implicados en el asesinato. Durante el interrogatorio reveló el sitio donde lo enterró en complicidad con sus secuaces, información que minutos después corroboró el equipo de criminalística cuando removió la arena que cubría la fosa.

Al despuntar el alba los funcionarios se dirigieron al complejo residencial, los vecinos se asomaban por las ventanas para observar la escena. Desenterraron el muerto, no tenía piernas ni pelvis. Los maleantes le dispararon con un arma de fuego en reiteradas oportunidades, luego lo desmembraron, la policía desconoce el por qué.

La despedida llegó, los familiares del taxista reconocieron su cuerpo por un tatuaje en forma de corona que tenía en un antebrazo y los aparatos de ortodoncia que llevaba puestos en los dientes. Cuerpos descuartizados, los asesinos no se conforman con tirotear o acribillar a las víctimas, comentó la psicólogo Yolemy Flores.

Modus operandi

Detrás del estadio Alejandro Borges, en el municipio Maracaibo, el conductor de un vehículo Silverado, verde, sin placa, arrojó la pierna derecha de una mujer, cuya identidad se desconoce. Permanecía sobre una bolsa plástica de basura, la bata quirúrgica azul de un hospital la cubría por encima de la rodilla.

El mismo modus operandi, matar, descuartizar o desmembrar. En el interior de un contenedor de basura, en la avenida Panteón con Fuerzas Armadas, parroquia San José del municipio Libertador, en Caracas, indigentes hallaron los restos de un hombre moreno de contextura gruesa.

Hurgaban la basura cuando encontraron una pierna humana, escarbaron, había pedazos de torso y rodillas. Los uniformados revisaron el conteiner, metieron las partes humanas en una bolsa, la cabeza no apareció. Desconocen las causas que desencadenaron el suceso.

Comisiones de la Policía Nacional Bolivariana acompañadas por 18 efectivos de la Policía científica y Protección Civil extrajeron de las bolsas plásticas piernas, brazos y cabezas. Unos presuntos delincuentes mataron a dos hombres y una mujer, después los descuartizaron.

Los homicidas lanzaron los restos en una boca de visita en la carretera 16 y 17 del Barrio Unión, al noroeste de Barquisimeto, en el estado Lara. Los cuerpos de seguridad necesitaron una polea para sacarlos a la superficie. La investigación continúa abierta hasta identificar a los occisos y dar con el paradero de los responsables.

En la finca La Ciénega Linda, en el municipio Pírito, en el estado Falcón, uniformados adscritos al Destacamento 137 de la Guardia Nacional Bolivariana hallaron hace seis días una avioneta siniestrada, en su interior había un hombre desmembrado.

Cuando los milicianos se acercaron a la aeronave calcinada, vieron un tronco, una cabeza, dos brazos y una pierna carbonizada. Aseguraron desconocer la identidad del fallecido así como el lugar de donde provenía la unidad y su destino.

Historia criminal

Piel blanca, cabellos negros, barba poblada, algo encanecida, ojos negros de mirada penetrante, oculta un secreto. Se trata de Dorángel Vargas Gómez, de 60 años, mejor conocido como el “Comegente”, se comió la carne de Anthony Correa y Juan Carlos Herrera, sus compañeros del Cuartel de Prisiones de Politachira.

Familiares de las víctimas aseguraron que el caníbal cocinó la carne, el “Grillo”, líder del pabellón, la sirvió en platos al resto de la población penal con arroz no sin antes obligarlos a alimentarse de una de las cabezas, aquellos que se negaron terminaron con los dedos mutilados. “Había cuchillos. Me quedé tranquilo”, aseguró Dorángel en una entrevista con la agencia de noticias Reuters.

No es la primera vez que Vargas comete un delito semejante, en 1999 la desaparición de 10 hombres detonó las alarmas de la policía del Táchira. En una precaria vivienda habitaba un personaje siniestro, interceptaba a hombres que caminaban por las orillas del río Torbes, los mataba con una lanza y los descuartizaba.

Se comió el corazón de Cruz Baltazar Moreno, una sus primeras víctimas, a las otras les sacaba los ojos para echárselos a la sopa. Guardaba las partes humanas que comería, enterraba aquellas que lo indigestaban, como manos, pies y cabezas. “La carne de los hombres sabe mejor que la de las mujeres. Los hombres son como más sabrosos. Las mujeres son dulces”, comentó el “Comegente”.

Dorangel aseguró que los sabores más agradables se consiguen en la zona del vientre, “cocinó la panza y me la como”. Después de alimentar con sus platos a los indigentes manifestaba: “No me arrepiento de nada, como dice la iglesia, yo compartí mi pan con el prójimo y muchos me alabaron por el relleno de mis empanadas. Por necesidad me he metido en esta vaina. No me arrepiento, al contrario, me alegro porque me gusta la carne. Lo único que no me da apetito son las cabezas, manos y pies de los seres humanos”.

 

Sed de sangre

Los privados de libertad sienten temor de compartir la celda con un delincuente capaz de comer carne humana. No lo demuestran, ser frágil en la cárcel no es opción, comentó la sociólogo Auriz González durante un entrevista realizada por el equipo de sucesos de La Verdad.

El entorno intrafamiliar y social repercuten en la conducta de los hombres, crecer en una familia disfuncional genera problemas de conducta. La mente se distorsiona, consideran normal asesinar con saña, desmembrar, descuartizar y porque no alimentarse de carne humana, aseguró la especialista.