DESDE MÉRIDA: EXHORTACIÓN A LOS VENEZOLANOS

 

La sociedad venezolana vive, hoy, un estado de desastre próximo al colapso. Todas las dimensiones que constituyen su estructura global, experimentan profundos procesos sistémicos de desintegración.

   Este desastre es el efecto inevitable del proyecto deliberado de implantación de un modelo totalitario, dictatorial, de destrucción nacional, encabezado por Nicolás Maduro y sus círculos de poder. Este proyecto y este modelo, como ha sido señalado por la Iglesia Católica, las academias, la universidades nacionales, instituciones de la sociedad civil y esclarecidas individualidades, ha causado (causa y causará si no se detiene) profundos daños antropológicos, en muchos casos irreversibles, que afectan la esencia de la parte del género humano que habita, desde hace siglos, el territorio venezolano y amenaza con la disolución de nuestra colectividad.

   Existe solo una posibilidad pacífica para detener este proyecto inhumano: la reunificación nacional con el propósito de detener y desplazar del poder a la cúpula que lo impulsa y dirige. La actividad de reunificación de la nación debería comenzar por el ejercicio de una voluntad política que se plantee, de inmediato, un diálogo interno entre los factores políticos que adversan el proceso de destrucción y que debe permitir  la formulación de una estrategia de acción conjunta de los factores democráticos. Este diálogo debe abarcar a todos los ámbitos sociales y no debe ser postergado. Debe comenzar ya.

   La coyuntura política actual, agravada por la maniobra gubernamental para boicotear cualquier acuerdo destinado a buscar una salida a la crisis y que se ha expresado en el adelanto inconstitucional de la elección presidencial, decidido por la ilegal e ilegítima asamblea nacional constituyente, es propicia para iniciar un amplísimo movimiento unitario de salvación nacional. Este movimiento debe incluir a todos los venezolanos, sin excepción, independientemente de su sexo, edad, condición social, política, ideológica, económica, racial, religiosa, profesional.

   Por estar firmemente persuadidos de la pertinencia de este planteamiento, nosotros, ciudadanos venezolanos, reunidos en la ciudad de Mérida, acordamos constituir un punto de encuentro permanente en favor de la unidad nacional y exhortar a los diputados representantes políticos de la nación en la soberana Asamblea Nacional de Venezuela, a los partidos y grupos políticos democráticos, a las instituciones que conforman la sociedad civil, a nuestros conciudadanos, a que depongan, en este momento crucial los intereses egoístas, parciales, partidistas, personales, que obstruyen la posibilidad y necesidad del diálogo nacional que hoy reclama nuestra enlutada nación.

   Los invitamos a suscribir unos acuerdos básicos de gobernabilidad y un programa mínimo que sirva de guía al nuevo gobierno democrático de la República, para enfrentar la grave crisis que asfixia y paraliza a la nación. En un año, como este de 2018, pautado por la Constitución de la República para renovar el Poder Ejecutivo Nacional, estos acuerdos y este programa deben ser seguidos por la escogencia del encargado de coordinar las iniciativas y movilizaciones de la unidad nacional, acompañado de un equipo de alta competencia y reconocida honorabilidad, a los que encargaríamos  el trabajo de abrir la ruta hacia la plena recuperación democrática, económica y moral de nuestra sociedad.

   La unidad nacional es la clave del momento. Si queremos conquistar un espacio para ser distintos sin ser enemigos, y vivir  en un ambiente social plural, en donde podamos desarrollar tácticas y estrategias diferenciadas, tenemos que lograr ahora la unidad nacional. El punto de vista es el punto de vista de la unidad nacional.

   Por ello acordamos constituir en el estado Mérida la Plataforma Unitaria para el Cambio Democrático, a la cabeza de la cual se integre un centro de enlace permanente de las organizaciones políticas con las organizaciones de la sociedad civil, encargado de promover, por consenso, las iniciativas sociales e institucionales que se desprendan de esta declaración.

En Mérida, a los veintidós días del mes de febrero de dos mil dieciocho, en la sede del Colegio de Médicos de la capital de estado, firmamos esta exhortación.