Consideraciones sobre la actualidad petrolera venezolana – Por Blas Alejandro Briceño Peñaranda

 

 

“Venezuela potencia energética mundial” se titula uno de los objetivos del Proyecto Nacional Simón Bolívar 2007-2013 y su enfoque se basa en la creciente demanda mundial de energía, lo que acarrea la necesidad de combustibles fósiles, y la ventaja absoluta de Venezuela en este sector. Específicamente apunta al futuro crecimiento de la demanda de crudo no convencional, es decir, petróleo pesado y extra-pesado, en los cuales Venezuela tiene las mayores reservas probadas en el mundo.

De esa meta solo queda la vacua afirmación en la que se vanagloriaba dicho documento y su narrativa grandilocuente. El término “potencia” sirve actualmente como adjetivo para calificar la fuerza de la caída de la producción de hidrocarburos en el país, “con potencia”, y es que el castillo denominado PDVSA está colapsando por todas sus fundaciones y siendo asediado por todos los frentes, haciendo la salvedad que dichas circunstancias se debe a la misma política interna y su desastrosa gerencia.

Para entrar en contexto, en abril de 2018 la producción cayó a 1.436 millones de barriles diarios según datos publicados por la OPEP, niveles históricos en cuanto a que es el menor nivel desde hace tres décadas, con la excepción del paro petrolero del 2002-2003. PDVSA recibe, de ese volumen de producción, los ingresos por concepto de ventas a los EE.UU. que figuran en 409 mil barriles diarios para el mes de febrero del año en curso, como lo reportó la Administración de Información Energética de los Estados Unidos. Para igual período el volumen de exportaciones de Colombia fue de 426 mil barriles diarios, lo que significa que por primera vez Colombia supera a Venezuela y la desplaza al sexto puesto de los países que más exportan petróleo crudo a los Estados Unidos.

Lo anterior repercute en Venezuela debido a que, como se mencionó anteriormente, las ventas a EE.UU. representan el único flujo de caja que recibe PDVSA, ya que el resto de producción se destina a acuerdos con organismos como PETROCARIBE, y con países como China para pago de compromisos, es decir, la situación financiera de PDVSA no podría ser peor y con prospectivas espeluznantes.

Aunado a lo anterior, el Gobierno norteamericano ha aplicado sucesivas sanciones económicas al Gobierno venezolano, asfixiando enormemente la capacidad de financiamiento externo del país y naturalmente de PDVSA, y como reza el refrán “quien siembra vientos, recoge tempestades”, la estatal petrolera y en extensión el ejecutivo nacional ha cosechado los resultados de las políticas del expresidente Hugo Chávez en materia de hidrocarburos. De igual manera se destacan las  declaraciones de “default” a PDVSA por parte de agencias financieras internacionales por incumplimiento de pagos de los vencimientos de varios de sus bonos.

Adicionalmente, se ha dado a conocer el fallo a favor de la empresa ConocoPhillps sobre un arbitraje contra PDVSA, sustanciado por la Cámara Internacional de Comercio, por un monto total de 2.040 millones de dólares americanos, decisión basada en las medidas que se tomaron en 2007 por el Gobierno venezolano para dar por terminados los contratos suscritos con dicha empresa durante la apertura petrolera. Lo anterior se traduce en que muy posiblemente, los activos de PDVSA en el exterior sean embargados o congelados a corto y mediano plazo como garantía de pago, lo que entorpecería la comercialización internacional de crudo venezolano y empeorar, aún más, el panorama petrolero venezolano.

 

*Estudiante del noveno semestre de Economía en la FACES-ULA.

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